domingo, 15 de septiembre de 2013

6 Pesadillas

Al día siguiente, mis ojos estaban marcados por unas profundas ojeras que no hicieron otra cosa que preocupar a mi yaya. Había tenido un sueño poco profundo, y me había pasado toda la noche dando vueltas por la casa, yendo a la cocina a beber agua y viendo las series aburridas que echaban en la tele a las cuatro de la mañana. No había dormido más de dos o tres horas, y lo notaba.

Me encontraba mucho más pesada, tenía los ojos hundidos y ligeramente cerrados, como si cualquier luz pudiera dañarme. Podría haber afilado un cuchillo con mis labios cortados. También estaba muy pálida, bueno, todo lo pálida que podía ponerse mi piel morena. No tenía ganas de ir al colegio, así que acompañé a mi yaya al trabajo. Ya no "vendía su cuerpo", sino que ahora era dependienta de una famosa tienda de moda. Pasé horas y horas durmiendo en el almacén, que estaba lleno de ropa.Y cuando no dormía, le echaba un vistazo a los vestidos que vendían allí. Eran muy bonitos, sobre todo uno verde, que primero se ajustaba a la cintura y luego caía delicadamente alrededor de las piernas. Era precioso. Me imaginé a mí misma con aquel vestido verde, contrastando con mi piel morena.

A las nueve de la noche abandoné el almacén. Había a mi alrededor decenas de envoltorios, ya que aquel día me había alimentado a base de golosinas y barritas de chocolate.

Cuando llegué a mi casa, no tenía nada de sueño, así que aquella noche tampoco dormí.

***

A las cuatro de la mañana, o eso indicaba mi reloj; me desperté. Había tenido una pesadilla horrible, en la que aquel cristal me arañaba todo el cuerpo. La garganta, el pecho... Me desangraba y nadie hacía nada por salvarme. Me veía a mí misma, desde fuera. Parecía un río de lágrimas, sudor y sangre. Cuando desperté, no olía a sangre, pero sí a sudor, y mi rostro estaba lleno de lágrimas.

Tenía que acabar con esto cuanto antes.


Nota de la autora:
Unos meses más tarde, Helena se dio cuenta de que buscar información sobre aquel cristal era una pérdida de tiempo. Sin embargo, todas las noches soñaba con aquel cristal que la tenía tan intrigada. Algún día volvería a preocuparse por él.

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